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El árbol tirado a hachazos

Cuántas historias cayeron cuando fue cortado de raíz el viejo árbol que por mucho tiempo, tal vez centenas de años, fue el centro de la vida de una familia.

A su alrededor se hicieron fiestas. Su sombra cobijó amores. Sus ramas sirvieron de cuna y de columpio para muchos niños.
Fué sembrado por unas manos amorosas, pensando en dar sombra y frescor a una casa.

Esa pequeña casita con la que una mujer soñó en sus años infantiles mientras sus manos acurrucaban una muñeca de sololoy tal y como años después, acurrucarían a sus propios hijos.

Esa pequeña casita que un hombre con sus manos construyó, en su deseo de agradar a aquella que su corazón había elegido para ser la dueña y señora de su hogar.
Ahora yace en el suelo. Muchos hachazos le fueron dados para tirarlo. Con él cayó toda una historia de amor conyugal y toda una historia de unión familiar.

El redondel con el que fué circundado permaneció por algún tiempo vacio. Sólo la tierra seca y hecha piedra quedó de lo que fue un grandioso y frondoso árbol.
Así acaba una historia tan bella? ¿Es así cómo acaban tantos y tantos recuerdos que acunaron sus ramas?
No.

Un buen día, una chiquilla jugando en la tierra seca y pedregosa vió un pequeño retoño asomándose y abriéndose paso entre las piedras y terregones olvidados. En su casa no existe espacio para sembrar árboles ni para tener plantas.

Le gustan los árboles y las plantas, pero sólo existe cemento en su patio. Se acercó a jugar con la tierra, sin saber que es la misma tierra que durante generaciones jugaron otras manos, las de sus tías, las de sus abuelas y las de muchos niños que conforman su familia.
Mientras rascaba la tierra, vió una pequeña hojita que surgía de ella, pequeña, muy pequeña, pero aferrándose a la tierra con todas sus fuerzas, parece gritarle: "Riégame"
Sin pensarlo dos veces, entra a su casa y toma un vaso de agua de la mesa. Su madre la mira entrar como un torbellino y salir de la misma manera.

Curiosa por la actitud de su hija, sale tras ella y ve como el agua de ése vaso, va a dar directamente a la tierra.
-Luz, deja de jugar con lodo. Me paso medio día lavando la ropa y bastante trabajo me da como para que ahora la manches con lodo-le grita a la niña, alterada.
No le gusta ver a su hija sucia ni desaliñada.

Su mamá es una señora muy joven y bonita, ocupada en mil y una cosas “importantes”. No tiene tiempo para saber de árboles ni de nada.
Es una agitada y atareada maestra de kindergarden como se le llama ahora muy pomposamente a los lugares en que muchas madres llevan a sus hijos para quitárselos de encima por un ratito. Anteriormente eran conocidos como Jardín de niños.
En ése lugar niños son tratados como si fueran pequeñas plantas y arbolitos, recibiendo aguita, sol y vitaminas.

Y a pesar de ser una buena maestra con sus alumnos, a su hija le falta un poco de las "vitaminas" que reparte entre ellos. Suele suceder, verdad?

Los ojos de la nena se entristecen al ver que su madre no la entiende.

Ha visto unas casas en donde crecen plantas y desea tener en su casa unas para cuidarlas tan bien como las cuidan sus primitos y sus amiguitos.
En la escuela, su maestra los lleva cada jueves a cuidar de los árboles que crecen en el jardín escolar. Y desea tener uno en su casa. Sin embargo, ni a su madre ni a su abuelita que vive en su casa, parecen interesarles nada de lo que a ella le interesa.

Ha escuchado también del cuidado que requieren las mascotas y no puede tener una. A su madre no le gustan porque ensucian mucho, piensa tristemente.

Le gustaría tener un pecesito o un perrito o un gatito con el que jugar como algunos de sus amiguitos.

As fue como descubrió el retoñito. Se sentó sola y triste en el redondel, sus manos empezaron a jugar con la tierra mientras lágrimas de tristeza corren por sus mejijllas. Se siente sola, sin amigos con quienes jugar. Ha escuchado que antes ésa calle estaba llena de risas y voces infantiles. Ahora permanece silenciosa y vacia.

Todos los niños que viven en ella, permanecen en sus casas porque sus padres así lo quieren.
-Es triste- piensa melancólica- muchos de ésos niños, son mis primos y familiares según me platicaba mi abuelita y ni siquiera me hablan. ¿Porqué será?
Ella no sabe de envidias ni de rencores. Ella no sabe de nombres y apellidos. Ella no sabe de tierras y pleitos. De ambiciones y orgullos. Ella sólo sabe que las historias que su abuelita le contaba eran muy bellas. Historias de niños jugando, de alegrías, de paseos.

Sus lágrimas han regado la tierra que parece perderse en la lejanía, tal y como parece perderse la unión que antes había.

El pequeño retoño se aferra a la vida. Con su ejemplo parece decirle a la niña: “No te des por vencida. Si tus lágrimas pudieron hacer retoñar un viejo árbol tirado a hachazos, ¿qué no podrá lograr tu hermosa sonrisa?”

Sal con ella como arma y derrumba todo lo que de malo encuentres.: Envidias, orgullos, ambiciones no pueden nada ante el poder de tu sonrisa. Ella demuestra la blancura de tu alma y lo bello que encierras dentro.
Asi como yo resurgí, así resurgirá tu familia si niños como tú no olvidan aquellas viejas historias que contaban sus abuelas.

Algún día yo seré un gran árbol que cobijará nidos de pájaros y donde niños, tal vez los tuyos, colgarán sus columpios y se mecerán alegres como lo hicieron tus abuelos. Algún día tú serás una bella mujer que acune en sus brazos hermosos hijos, tal y como hicieron tus abuelas.

Tus sueños infantiles que ahora riegan mis raíces se convertirán en tus logros cuando crezcas.
Sueña y no dejes de soñar nunca, porque sólo quien sueña ve sus sueños realizarse.

No dejes nunca que tus sueños mueran, ni permitas que los tumben a hachazos las adversidades, las tristezas o penurias. Sueña. Sonríe.

A partir de ♥ése día, Luz cuida del pequeño árbol. Crece mientras él crece. El es durante mucho tiempo, testigo de sus juegos, de sus risas, de sus tristezas.
Ha servido de sombra cuando en las tardes, Luz se sienta a leer los cuentos que le gustan.
Ha sido testigo del amor que empezó como un retoño en los años adolescentes de Luz.
Bajo su sombra se cobijó el amor.
Ahora sus ramas sostienen un pequeño columpio en el que el niño de Luz juega y rie alegre.
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